Reflexiones en el Día Mundial de las y los Docentes
Hoy, 5 de octubre, el calendario nos marca una pausa necesaria para conmemorar el Día Mundial de las y los Docentes. Es una fecha que, inevitablemente, invita a la introspección sobre el papel que desempeñamos en las aulas y, más aún, sobre las raíces de nuestra propia vocación.
Para quienes nos dedicamos a la enseñanza, esta labor rara vez es una simple ocupación; es una forma de vida. En mi historia personal, la docencia es un legado. Crecí siendo testigo del profundo compromiso y de la entrega inagotable de mis padres, maestros normalistas, así como de mi tía Elia. En ellos vi cómo el magisterio trasciende la mera transmisión de datos para convertirse en un acto de transformación social humana. Esa escuela, la del gis, el pizarrón y la paciencia infinita, sembró la semilla de lo que hoy es mi propio camino.
Actualmente, desde los pasillos y laboratorios de la Facultad de Ciencias de la UNAM, ese legado familiar adquiere nuevas dimensiones. Las herramientas han cambiado profundamente. Hoy nos apoyamos en entornos virtuales de aprendizaje, modelos interactivos y plataformas digitales. Sin embargo, el reto fundamental sigue siendo el mismo: despertar la curiosidad.
En la enseñanza de la genética, he comprobado que el verdadero aprendizaje ocurre cuando los estudiantes asumen un rol protagónico. Las metodologías de aprendizaje activo y el análisis basado en problemas nos permiten desterrar la idea de que la ciencia es un dogma inamovible. En su lugar, el aula se convierte en un espacio dinámico donde cuestionamos, debatimos y construimos el pensamiento crítico necesario para comprender la complejidad de la vida, desde el comportamiento de Drosophila melanogaster hasta los grandes dilemas bioéticos de nuestro tiempo.
Precisamente, este espacio de Ciber-Genética nació como una extensión de esa misma vocación. Es un intento de llevar el diálogo más allá de las paredes universitarias, compartiendo el asombro por la biología con una comunidad más amplia y demostrando que la ciencia y la educación deben ser accesibles para todos.
En este día, extiendo mi más profundo reconocimiento a todas mis compañeras y compañeros docentes. A quienes, con creatividad, empatía y rigor, se enfrentan todos los días al maravilloso desafío de formar a las nuevas generaciones. La educación sigue siendo el motor de nuestra sociedad, y cada clase impartida es una apuesta hacia un futuro más brillante.
¡Feliz Día Mundial de las y los Docentes!
América Nitxin Castañeda Sortibrán

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