Reactivando la hemoglobina fetal: una nueva esperanza contra la anemia de células falciformes y la Talasemia
¡Hola a todos en Cibergenética!
Hoy queremos platicarles sobre un tema fascinante que combina la genética molecular con la medicina traslacional: el "despertar" de genes dormidos para tratar enfermedades de la sangre.
¿Qué es el cambio de hemoglobina?
Antes de nacer, nuestro cuerpo produce hemoglobina fetal (HbF), que tiene una altísima afinidad por el oxígeno, lo que nos permite obtenerlo de la sangre materna. Sin embargo, poco después del nacimiento, un "interruptor" genético (controlado por factores como BCL11A y MYB) apaga la producción de HbF y activa la producción de hemoglobina adulta (HbA).
Para personas con β-talasemia o anemia de células falciformes (SCD), este cambio es crítico, ya que sus genes de hemoglobina adulta están mutados, lo que provoca glóbulos rojos defectuosos y anemia grave.
El "interruptor" genético. Transición natural: Durante la gestación, la HbF es la forma predominante de hemoglobina debido a su alta afinidad por el oxígeno. Al nacer, el cuerpo humano activa un "interruptor" genético regulado por factores de transcripción como BCL11A, KLF-1 y MYB, lo que provoca que la producción cambie de hemoglobina fetal a hemoglobina adulta (HbA). En adultos sanos, la HbF no desaparece por completo, pero se mantiene en niveles muy bajos (normalmente en menos del 1% de los eritrocitos, llamados "células F"). El uso de HbF en lugar de HbA es especialmente beneficioso para personas con mutaciones en el gen de la globina-β, como ocurre en la β-talasemia y la anemia de células falciformes (SCD). Debido a que la HbF tiene una estructura diferente (α2γ2 en lugar de α2β2), no se ve afectada por las mutaciones que dañan a la hemoglobina adulta. Se ha establecido que inducir la producción de HbF en cantidades significativas puede reducir la gravedad de las complicaciones clínicas de estas enfermedades. Niveles altos de HbF evitan que los glóbulos rojos se deformen (en el caso de las células falciformes) y mejoran la supervivencia de los eritrocitos.
El enfoque farmacológico: "engañar" a las células.
Aunque la edición genética (como CRISPR) es una opción prometedora, su costo y seguridad siguen siendo retos importantes. Por ello, la ciencia está apostando fuertemente por fármacos inductores de HbF que puedan "reabrir" la producción de esa hemoglobina fetal que sí funciona correctamente.
Avances recientes y nuevas estrategias.
De acuerdo con una revisión reciente en la revista Pharmaceuticals, estas son las estrategias más destacadas: la hidroxiurea es el tratamiento estándar actual. Ayuda a seleccionar precursores de glóbulos rojos que expresan más HbF, aunque no todos los pacientes responden de la misma manera. Inhibidores de la metilación del ADN: compuestos como la decitabina evitan que el ADN se mantenga "cerrado" mediante marcas químicas, lo que permite que el gen de la globina-γ vuelva a expresarse. Moduladores epigenéticos (inhibidores de HDAC y LSD1): estos agentes modifican las proteínas que empaquetan el ADN (histonas), facilitando el acceso a los genes de la hemoglobina fetal. Nuevas moléculas (FTX-6058): actualmente en ensayos clínicos, este inhibidor de la proteína EED ha demostrado ser muy potente para elevar la HbF hasta un 40% en modelos experimentales.
¿Por qué es importante?
La capacidad de inducir niveles significativos de HbF puede cambiar drásticamente la calidad de vida de los pacientes, reduciendo la necesidad de transfusiones y las crisis de dolor. Estamos ante una era en la que el conocimiento profundo de la regulación génica nos permite diseñar "llaves" químicas para corregir defectos hereditarios sin alterar permanentemente el genoma.
¿Qué opinan de estas terapias epigenéticas? ¡Los leemos en los comentarios!
América Nitxin Castañeda Sortibrán y Marco Antonio Carballo Ontiveros.
Nota de autoría: Este artículo y su imagen de portada fueron desarrollados en colaboración con la IA Gemini. El contenido técnico se fundamenta en la revisión científica “Pharmacological Induction of Fetal Hemoglobin in β-Thalassemia and Sickle Cell Disease: An Updated Perspective”.




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